Amo al Ecuador. Sobre todo por una razón que no encuentro respuesta. El amor no tiene explicación. Cuando uno ama, ama. No sabe por qué. Se engaña al decir: lo amo porque tiene los ojos azules. Lo amo porque es alto. Eso no, no, no, no es amor. Amas porque el amor es una cosa trascendental que viene de fuera cuando menos te lo imaginas y no sabes por qué te llega.

Así que no tengo una respuesta verdadera de por qué amo al Ecuador. Sé que lo amo, lo amo profundamente. Para mí, es un país en el que me quiero quedar. Un ejemplo de este gran amor (y un italiano lo puede entender muy bien) es que en nuestro departamento frente al “gran río’’, en Guayaquil, allí vivió mi madre.  La traje en los últimos años de su vida, a pesar de que en Italia me dijeron: “Podemos ponerla en el mejor asilo de ancianos que hay”. Mi propia hermana lo dijo y yo respondí: “No. Yo aprendí esto en Ecuador: a los viejos no se los debe dejar nunca…”, y me traje a mi madre a Guayaquil. Ella murió aquí y la sepulté en una pequeña finca que tenemos en Isabela. Yo quería estar con ella y mi esposa estuvo de acuerdo conmigo. Marita me enterrará en Isabela y pedirá que la entierren a ella también ahí. Creo que este es el testimonio de amor que tengo por este país.

Por:

Ermanno Zecchettin